17.2.09

My Lullaby


Mis ojos comenzaron a humedecerse lentamente a tal punto que no pude ocultarlo. Esas mujeres lo notaron rápidamente, pero fue mi madre la que se atrevió a preguntar.
-No lo sé.- fue lo único que alcanzé a responder a tan difícil cuestión. Caminé con prisa hacía el coche, entré y cerré de un portazo. Estiré y relajé mis extremidades inferiores a lo largo del asiento, secando cada una de mis lágrimas que recorrían el contorno de mis mejillas como el rocío sobre las hojas en la época de invierno. Miraba por la ventana del auto pero sin prestar atención alguna. Por mi cabeza pasaban tantas cosas que era imposible concentrarse en un solo recuerdo, luego comenzé a preocuparme de que estaría comentando mi madre tanto tiempo. Abrí la puerta y fue cuando oí lo que mi madre decía. Mi sospechas se cumplíeron, ella estaba hablando sobre con las demás. -Mamá, ¡vamos ya!-ordené con severidad en un tono molesto. Mi madre entró al auto en menos de un segundo y ahí comenzó el verdadero infierno.-¡Oh Mamá! ¿Qué has hecho? No tienes porque contar lo que yo a tí en privado, ¿qué diablos pasa por tu cabeza?, grité exasperadamente. Ella sollozaba en el asiento delantero del vehículo, hasta tal punto que se bajó. Charlie desesperado intentó retenerla, pero ella le ignoró completamente, y caminó todo el recorrido hacia el apartamento.
Los siguientes 10 minutos pasaron en silencio absoluto, dejando a mi mente en estado de shock parcial. Me dolía gritarles a mis padres más que a nadie, pero parecía que ellos todavía no me entendían, ni conocían, ni tampoco habían descubierto cómo hacerlo en estos catorce años de convivencia conmigo.
Mi cabeza estallaba de dolorosos recuerdos que sólo lograban que mi llanto aumentara, mientras Charlie abonaba la gasolina y ponía el automóvil en marcha para ir al apartamento.
Al llegar, salté del vehículo y me dirigí al portero. Presioné el cuatro, no obtuve respuesta. Presioné otra vez con más ansiedad, pero nadie respondía y comenzé a preocuparme y mil cosas mortales se me ocurrieron de repente. ¿Habría llegado mi madre a casa?¿Se habría desviado en el camino intencionadamente?¿Se habría cruzado con alguien o algo no conveniente? Mi padre al parecer asustado de la misma manera que yo, fue a pedir las llaves al acomodador. Cuando éste accedió, apurado abrió la puerta de entrada, y yo salí como un rayo hacia nuestra habitación, tropecé con un escalón, pero me sostuve de la barandilla y logré mantenerme en pie y no caer de boca al suelo. Llegué a la puerta, abrí desesperada, y gracias al cielo, mi preocupación había sido en vano.
-Eh mamá, estaba preocupada, ¿por qué no respondías al portero?-agitada de tanta corrida.
-¿Portero? ¿Cuál portero? No he oído absolutamente nada en estos pasados 10 minutos,-se defendió tranquila.
-¡Oh por Dios!-exclamé a punto de estallar de los nervios.
Charlie entro preocupado y cuestionó de la misma o talvez aún más frenética manera que yo, mi madre se excuso con el mismo pretexto, logrando calmarle. Yo continué mi camino hacía mi cama, me recosté de boca abajo con la almohada dificultando mi respiración y permanecí así durante 30 minutos mas o menos, luego comencé a moverme exasperada y alteradamente, golpeando unas quince veces mi cabeza contra la dura pared, intentando calmar el dolor y las puntadas.
 
Creative Commons License
Agridulce Manzana Blog by Karín Lara Nevada is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.5 Argentina License.
Based on a work at agridulcemanzana.blogspot.com.
Permissions beyond the scope of this license may be available at http://facebook.com/lara.nevada