La niña de porcelana es una niña vestida de blanco, celeste y algunos detalles bordados en caramelo. Sus mejillas nunca se ruborizan, ella sabe que no es algo que juegue a favor. Tiene su pelo muy diferente, sus ojos son ventanas, ella nunca puede mentir, si sabe que el brillo la va a aturdir. Sus expresiones la delatan, siempre y cuando sienta que estas accionen. Por sobretodo usa pollera, no tiene zapatillas, tiene tacones, desea disimular su estatura con cartones. ¡Por supuesto que está enamorada! Estas niñas nunca paran, pero él la confunde, su corazón late a medias y enfunde, tiende a parar de vez en vez, cuando las penas sucumben. No entiende a veces lo que le dicen, pero ella sabe que él siempre la predice, sabe muy bien lo que ella condice.
Su casa es pequeña, vive en el bosque, no tiene riendas. Su familia muy lejos está, pero a ella no le importa, un encuentro cariñoso cada mes bastará. Ella vive de su magia, cuenta con su voz, pero siempre excepto cuando está sola se empaca. Su casa es azul por fuera, contrasta con el verde de sus bosquedas. El balcón da hacia un presagio, y ella lo decifra, muerte a su paso.
Camina siempre con mucho cuidado, no vaya a romperse, su material más preciado. Tiende a tropezarse, no importa, con un buen adhesivo bastará, cada vez que ella se quiebra logra volver a empezar.
Sus ojos son ventanas, leen tu mente, tienden a enamorarte, pero ella se reserva, y hace todo lo posible, bien que le cuesta. Su mente la confunde, pero todas las veces encuentra un diferente despeje. El amor la engaña, si le dices te quiero, ella ya está enamorada, piensa que él siempre es el único, y la verdad, que como él, ya hubo muchos. No le concierne su pasado, ella siempre mira delante, y a pesar de todo, nunca miró con enfado.
Las personas suelen cortárle las alas, ella se pone triste y le quitan el polvo de hada, sus lágrimas son casi sangre, y aunque no cuestan salir, cuesta que ella las vuelva a emitir.
Es inteligente, y por más de lo que la gente piense, ella se sabe cuidar, pero a veces se siente tan sola, no tiene a nadie a quién besar. Si se le presenta la posibilidad, la rechaza, pues ella siempre teme, estar eligiendo mal, pobrecita, no sabe que el amor es un vaivén, todos ya lo saben, pero ella está dispuesta a creer.
Aunque no aparente, se quiere a sí misma, salvo a veces, que piensa mal y no es optimista, pero a veces piensa que sabe todo y más, pobrecita, cuando se da cuenta que eso es imposible, no puede más, ya no sabe por dónde empezar.
La niña blanca con su pañuelo azul y todas sus proposiciones al amor, yo la llamo así, es su llanto de dolor, niña de porcelana, quebrantable y tan humana.


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