Mis miedos abundan sobre mí, recorriendo todo mi cuerpo como fantasmas que se estremecen, reviven del inframundo, para dejarme sin mi pequeñito trozo de felicidad, de la que alguna vez sentí, lamento tanto que se oiga el grito desgarrador. Quisiera tener que aguantar tan solo por una razón en la que pueda respaldar mi ego interior, mi autoestima arrojada. Mis ojos se sumergen en un hielo tan frío que hasta quema, descendiendo por mis falencias, luego mis pecados, mis dolores, mis pérdidas, mi muerte súbita, el final de mi esencia.


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