Un atisbo de seducción en la mirada del acompañante del asiento delante, una chispa de rabia, es tan candente, extra-absolvente, es como un espiral inapetente. La ventana que refleja mi mirada, y la suya clavada a la guardilla, tiene un cigarro para no atinar a la desquicia. Ella fue por su cuenta a buscar su abrigo de seda, él está totalmente acostado, y yo intento resistirme, pero el deseo es algo innato. Ella tarda demasiado, quizá perdió lo visto, la conciencia, el contacto. Él me mira, yo lo sé, los dos nos hacemos trizas. Me giro tan despacio, un ápice de minuto tampoco hubiera alcanzado. Lo miro de frente, ya sin disimular, los dos sabemos que no somos sinceros. Entre tanta presión, el se acerca primero, ya basta, no aguantamos el toqueteo. Resistiré, no quiero devolver la misma moneda, será Dios quién decida lo que le devuelva la herida. Retorno hacia la ventana, ¡más rápido hermana!
Ni una sola palabra, los segundos se vuelven horas, años, lustros. Siento una caricia, en mi pierna, yo ya lo sabía, era lo que esperaría, así sería, tenía que ser, tantas miradas, sueños intrascendentes, novelas candentes, y más miradas, interminables, insostenibles para mí. Giré tan rápido como llegué a sentir, intentando verme sorprendida, ¡que bien me salía!, y en ese instante, ni un solo segundo, ni medio menguante nuestros ojos reflejaron al otro, ¿¡la lujuria prohibida?!, por Jesús, seamos realistas, gente extremista...
Fue muy tarde, él y yo estábamos en un trance, nuestro beso interminable. Mientras yo lo abrazaba, el mi pelo manoseaba. Pienso en 13 segundos, no más, cuando la puerta se abrió, los gritos y la angustia sintieron un desahogo mortal, tal satisfacción y a la vez tanta culpa y dolor, no me importa, al fin logré algo de lo que quería, genial, aquí estoy, lista para estar contigo una y otra vez. Yo creo deberíamos volver devuelta al comienzo, todo fue una gran pérdida de tiempo, ¡por favor! ¡¿Calamidad?!, jajajajajajá.


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